sábado, 29 de agosto de 2015


"El laberinto del que escapó Teseo, gracias al hilo de Ariadna, fue construido por Dédalo, un artífice muy hábil. Se trataba de un edificio con innumerables pasajes tortuosos, vueltas que desembocaban una en otra, y que parecían no tener principio ni fin, como el río Meandro que volvía sobre sí mismo viniendo en su curso al mar (muerte, fin). El laberinto posee la cualidad de la atracción, como el abismo. Su inescrutabilidad también lo es de la persona misma (centro = sentido y autoconocimiento) y del Otro.